sábado, 10 de marzo de 2018

LENGUAJE COMO ESTIMULARLO




                                                                        EL LENGUAJE




El lenguaje es un proceso de creación de sentido o un proceso semiótico donde  participan tres aspectos básicos que se utilizan en cualquier grupo social si se quiere comprender o usar correctamente un lenguaje: en primer lugar,  la validez de esta afirmación (la idea de pasar del monólogo al diálogo) determinará el futuro del diseño de las exhibiciones, si ésta se comprueba, la naturaleza de los museos cambiará.

Sintaxis o el conjunto de reglas gramaticales que nos sirven para manipular los signos y estructurar la lógica del lenguaje, en segundo lugar la Semántica o el contenido significativo que se ocupa de las relaciones entre las palabras y las cosas y los sentidos que adquieren en un contexto determinado. Por último la Pragmática o la relación de los signos con sus intérpretes y los aspectos biológicos y sociológicos que se presentan en el funcionamiento de los signos (Morris, 1994; citado en Hernández, 2003).

Cómo estimular el lenguaje en los niños de 1 a 3años

¿Cómo estimular esas primeras palabras?

Toda madre sabe bien que la estimulación temprana favorece a que su hijo aprenda a desarrollarse y hacer las cosas por sí mismo. Es una destreza que se aprende de manera natural en los primeros años de vida, pues tu bebé comienza a “hablar” contigo.

El Instituto de Dficiencias en el Desarrollo indicaque para que el lenguaje se desarrolle existen dos factores necesarios: la maduración biológica y las influencias ambientales. El primero está ligado a los órganos que intervienen en el habla, esos capaces de emitir sonidos, frases y palabras; y el segundo se refiere a que tu hijo necesita la oportunidad de ser estimulado. Cuando le hables, él se dará cuenta que necesita aprender a hacerlo para comunicarse contigo y con quienes le rodean.

Para ayudarle, sigue estos consejos:

– Háblele y comunícate con tu bebé. Habrás notado que ya balbucea, luego emitirá sonidos y palabras.
-Responde  verbalmente a sus sonidos. Hazlo con afecto y emoción, será una manera de motivarle.
-Completa las frases que él o ella tratan de decir. Por ejemplo: si tu bebé dice “ma”,  dile “mamá”.
-Articula frente a él las palabras o sílabas de forma clara y lenta.
-Enséñale canciones sencillas y cortas. Acompáñalas con gestos y palmadas para que las aprenda más fácilmente.
-Inventa juegos de imitar sonidos de animales.
-Evita corregir a tu niño con frases como: “no, así no se dice”. Es suficiente con que repitas la palabra correcta.Tu amor de madre hará la tarea más sencilla.
-Construye láminas, fotos y cartulinas con imágenes atractivas y sus respectivos nombres. Por ejemplo: carro, casa, perro, mariposa, azul, rojo…

Cómo estimular el lenguaje en los niños de 4 años
Además, tu pequeño tiene que verte leer y percibir que disfrutas de la lectura, así la lectura se convertirá en un incentivo para tu niño.
  • Evita reírte si tu pequeño dice una frase inesperada, ya que puedes producir en tu niño cierto complejo e inseguridad a la hora de hablar.
  • Para estimular su capacidad de escuchar y producir juegos fonéticos tienes que enseñarle rimas, adivinanzas y trabalenguas.
  • Enséñale a construir frases cortas y simples, evitando utilizar palabras abstractas que dificulten su comprensión.
  • Si tu niño a esta edad ya sabe leer, puedes realizar ejercicios de identificación de palabras en un texto. Pídele que en un texto busque cuantas veces aparece la misma palabra.





  • Bibliografía
    Núñez, Angélica, El museo como espacio de mediación: el lenguaje de la exposición museal. Universitas Humanística [en linea] 2007, (enero-junio) : [Fecha de consulta: 10 de marzo de 2018] Disponible en:<http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=79106310> ISSN 0120-4807.


    ZOBEIDA ESMERALDA  MUÑOZ PINYUI 
    DOCENTE
    ECUADOR GALÁPAGOS  SANTA CRUZ






     

martes, 19 de diciembre de 2017




ENTRENAMIENTO DE HABILIDADES META COGNITIVAS






El conocimiento metacognitivo se refiere: a) al conocimiento de la persona. En este caso, se trata del conocimiento que tenemos de nosotros mismos como aprendices, de nuestras potencialidades y limitaciones cognitivas y de otras características personales que pueden afectar el rendimiento en una tarea; b) conocimiento de la tarea. Hace alusión al conocimiento que poseemos sobre los objetivos de la tarea y todas aquellas características de ésta, que influyen sobre su mayor o menor dificultad, conocimiento muy importante, pues ayuda al aprendiz a elegir la estrategia apropiada; c) conocimiento de las estrategias. El aprendiz debe saber cuál es el repertorio de estrategias alternativas que le permitirán llevar a cabo una tarea, cómo se aplicarán y las condiciones bajo las cuales las diferentes estrategias resultarán más efectivas.
En cuanto al control metacognitivo o aprendizaje autorregulado, la idea básica es que el aprendiz competente es un participante intencional y activo, capaz de iniciar y dirigir su propio aprendizaje y no un aprendiz reactivo. El aprendizaje autorregulado está, por tanto, dirigido siempre a una meta y controlado por el sujeto que aprende (Arguelles y Nagles 2007).


ESTRATEGIAS COGNITIVAS Y METACOGNITIVAS



En el contexto de la psicología cognitiva de procesamiento de información, la resolución de problemas se entiende como una interacción entre el sistema cognitivo del sujeto y el ambiente de la tarea, lo que produce, en el que resuelve el problema, una representación mental del mismo denominada espacio del problema.
La estructura del medio ambiente de la tarea está constituida por las características objetivas del problema: el estado inicial (datos del problema), la meta y las restricciones, las cuales deben ser consideradas en el proceso de resolución. Las metas constituyen lo que se desea lograr en una situación problema. Los datos son los elementos de los cuales dispone el sujeto para iniciar el análisis de la situación problema; las restricciones son los factores que limitan la vía para llegar a la solución. Los datos, metas y restricciones pueden estar bien o mal definidos o pueden ser explícitos o implícitos. Los problemas utilizados en las actividades educativas tienen metas bien definidas, pero no ocurre así en el caso de los problemas sociales.

Dado que la metacognición tiene una estrecha relación con las estrategias de aprendizaje, abordaremos brevemente esta temática.
La mayoría de los autores (Weinstein y Mayer 1986; Nisbet y Schucksmith 1986; Pozo 1990; Monereo et al. 1994) se refieren a las estrategias cognitivas de aprendizaje como "procedimientos o secuencias integradas de acción que constituyen planes de acción que el sujeto selecciona entre diversas alternativas con el fin de conseguir una meta fijada de aprendizaje".
Definiremos las estrategias metacognitivas de aprendizaje como "el conjunto de acciones orientadas a conocer las propias operaciones y procesos mentales (qué), saber utilizarlas (cómo) y saber readaptarlas y/o cambiarlas cuando así lo requieran las metas propuestas" (Osses 2007).
Las estrategias cognitivas apuntan a aumentar y mejorar los productos de nuestra actividad cognitiva, favoreciendo la codificación y almacenamiento de información, su recuperación posterior y su utilización en la solución de problemas. Las estrategias metacognitivas, en cambio, se emplean para planificar, supervisar y evaluar la aplicación de las estrategias cognitivas. Se infiere, por tanto, que las estrategias metacognitivas constituyen un apoyo para las estrategias cognitivas.
Respecto de estrategias cognitivas y metacognitivas, no podemos dejar de mencionar un tema recurrente en las modernas perspectivas sobre la metacognición: se trata de la motivación. En efecto, la investigación cognitiva de los últimos años enfatiza el progresivo reconocimiento del papel que desempeñan las variables motivacionales y afectivas en el desempeño de las tareas cognitivas. En esta línea, la mayoría de las propuestas recientes sobre el aprendizaje autorregulado considera que éste depende no sólo del conocimiento de las estrategias específicas de la tarea y del control que se lleva a cabo sobre ellas, sino también de la motivación que tenga el sujeto por el aprendizaje (Paris y Winograd 1990; Pintrich y de Groot 1990; Alonso 1991, 1997). 

En consecuencia, para que el conocimiento de las estrategias cognitivas y metacognitivas se transforme en acción, tiene que ir acompañado de las intenciones o metas apropiadas y de un patrón de creencias positivas sobre los propios recursos para llevarlas a cabo. De estas afirmaciones se desprende que el aprendizaje autorregulado resulta del concurso interactivo entre cognición, metacognición y motivación.
¿COMO INSERTAR LA DIMENSIÓN METACOGNITIVA EN EL PROCESO EDUCATIVO?
A continuación, plantearemos dos criterios que pueden orientar la enseñanza de las estrategias metacognitivas.
A) Según el grado de conciencia sobre las estrategias (Burón 1990).
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Entrenamiento ciego. Se llama así porque los estudiantes no perciben la importancia de lo que se les solicita o la razón para hacerlo. Se les pide que hagan una tarea de una forma determinada y no se les explica por qué razón deben hacerla de ese modo. Los alumnos lo hacen, pero no visualizan si esa forma de trabajar es mejor que otras. En consecuencia, no es fácil que la apliquen cuando tengan la opción de decidir cómo hacer el trabajo. De este modo, la enseñanza de las estrategias no conduce a su uso duradero. La instrucción mecánica puede ser útil para aprender pero no para "aprender a aprender". No parece, entonces, que el entrenamiento ciego sea suficiente para ayudar a los estudiantes que presentan más dificultades para ser autónomos en el aprendizaje.
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Entrenamiento informado o razonado. Tiene lugar cuando a los estudiantes se les pide que aprendan o trabajen de un modo determinado y, además, se les explica por qué deben hacerlo, resaltando su importancia y utilidad. La práctica de las estrategias específicas de la tarea se acompaña de una información explícita sobre la efectividad de las mismas, basándose en el argumento de que las personas abandonan las estrategias cuando no se les enseña cómo emplearlas, porque no saben lo suficiente sobre su funcionamiento cognitivo como para apreciar su utilidad para el rendimiento, ni se dan cuenta de que pueden ser útiles en diferentes situaciones. Si los estudiantes no poseen información acerca de las situaciones, materiales y propósitos, es decir, sobre las condiciones en las que es más apropiado aplicarlas, probablemente harán un uso indiscriminado de las mismas. Esto significa que una mayor conciencia sobre estos aspectos de las estrategias puede contribuir tanto a su permanencia como a su aplicación flexible y no rutinaria.
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Entrenamiento metacognitivo o en el control. En la instrucción metacognitiva se avanza respecto de la instrucción razonada, en el sentido de que el profesor, además de explicar a los alumnos la utilidad de usar una estrategia concreta, los induce a que ellos mismos lo comprueben, de modo que los lleva, indirectamente, a tomar conciencia de su efectividad.

Esta modalidad de inserción de la dimensión metacognitiva en el proceso de aprendizaje implica, en definitiva, enseñar a los estudiantes a planificar, supervisar y evaluar su ejecución, lo cual favorece el uso espontáneo y autónomo de las estrategias y facilita su generalización a nuevos problemas, vinculándose, en esta forma, la metacognición, a la noción de transferencia. Esto significa, en consecuencia, que si aspiramos a que los alumnos aprendan a aprender, el método didáctico ha de ser, el metacognitivo.
B) Según el nivel de ayuda que ofrece el profesor o grado de autonomía que otorga al alumno (Mateos 2001).
Una alternativa metodológica que puede emplearse para lograr los objetivos de la instrucción metacognitiva, inspirada básicamente en la filosofía de la transferencia gradual del control del aprendizaje, concibe al profesor en el papel de modelo y guía de la actividad cognitiva y metacognitiva del alumno, llevándole poco a poco a participar de un nivel creciente de competencia y, al mismo tiempo, retirando paulatinamente el apoyo que proporciona hasta dejar el control del proceso en manos del estudiante.
Esta metodología de trabajo supone cuatro etapas:
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Instrucción explícita. Mediante este tipo de instrucción, el profesor proporciona a los alumnos de modo explícito, información sobre las estrategias que después van a ser practicadas. Esta información puede ofrecerse a través de:

a)
Explicación directa, que debe dar cuenta explícitamente de las estrategias que se van a enseñar y de cada una de sus etapas. La explicación debe procurar conocimientos declarativos (saber qué), procedimentales (saber cómo) y condicionales (saber cuándo y por qué). Una mayor conciencia de estos aspectos de las estrategias puede redundar en una aplicación más flexible de las mismas.

b)
Modelado cognitivo. En forma complementaria a la instrucción que se ofrece a través de la explicación del profesor, éste puede modelar la actividad cognitiva y metacognitiva que lleva a cabo durante la tarea. En este modelado cognitivo se sustituyen las conductas observables a imitar, características del modelado conductual, por acciones cognitivas que son expresadas verbalmente por el modelo. Se trata de modelar, no sólo las acciones cognitivas implicadas en la tarea, sino también las actividades metacognitivas de planificación, supervisión y evaluación de las primeras.
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Práctica guiada. Esta práctica se realiza con la colaboración del profesor quien actúa como guía que conduce y ayuda al alumno en el camino hacia la autorregulación. La característica distintiva de esta práctica es el diálogo entre profesor y alumno, cuyo fin es proporcionar al estudiante ayuda y guía suficientes para alcanzar metas que quedan fuera de sus posibilidades sin esa ayuda.
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Práctica cooperativa. Proporciona una fuente adicional de andamiaje al aprendizaje individual. Se lleva a cabo en el contexto de la interacción con un grupo de iguales que colaboran para completar una tarea. El control de la actividad se traslada al grupo para distribuirse entre sus miembros.
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Práctica individual. Para aumentar la responsabilidad del alumno se puede proponer un trabajo individual que puede apoyarse mediante guías de autointerrogación, conteniendo las preguntas que uno mismo debe plantearse para regular su propia actuación durante la tarea.